Pranayama.


Así como las hojas ventilan el árbol y le proporcionan alimento para su sano crecimiento, también el prāṇāyāma alimenta y ventila las células, los nervios, los distintos órganos, la inteligencia y la consciencia del organismo.
Cuando ejecutamos un āsana, sólo podemos extender el cuerpo completamente si sincronizamos la respiración con el movimiento.

Prāṇa es energía. Āyāma es creación, distribución y mantenimiento. Prāṇāyāma es la ciencia de la respiración, que conduce a la creación, la distribución y el mantenimiento de la energía vital.
No hay que contener la respiración.
Al inspirar, el cerebro avanza como una hoja. Al espirar, se retira. Cuando contenemos la respiración, el cerebro se torna rígido; así, ¿cómo vamos a hallar quietud en el cuerpo?

Cualquier āsana realizada en inspiración acabará siendo una mera acción física, mientras que un āsana hecha en espiración es vital y orgánica y produce acción fisiológica y salud celular.
Cuando todo es uno –cuando alcanzas un estado de unión perfecta entre su cuerpo, su mente y su alma–, entonces te olvidas del cuerpo, te olvidas de la respiración y te olvidas de la inteligencia.
Esto no se consigue en dos o tres días.
Hasta ese momento puedes ayudarte de la espiración, si eres principiante. Es cierto que la espiración puede ayudarte a hacer bien la postura durante un momento, porque el cuerpo se libera de la tensión. 
Mira que en tu práctica diaria haya progresión y transformación.

El fruto verdadero del yoga no es un logro o una ejecución material. Los yoguis nunca miden cuánto oxígeno entra. No es eso lo que les interesa. 

El interés del yogui está en mantener la cabeza y el corazón sanos mediante la armonía de la respiración, y ello se logra con la práctica de prāṇāyāma.

Al igual que la montaña bate el océano, la columna vertebral actúa de vara que bate la respiración en nuestro cuerpo.
Cuando la inspiración y la espiración tienen lugar, la columna envía ráfagas de energía que van adelante, atrás, arriba y abajo para producir el elixir de la vida, o jīvāmṛita, en nuestro organismo.

La inspiración es el movimiento del sí-mismo para entrar en contacto con la periferia: el núcleo del ser se mueve con la respiración y toca la capa interna de la piel, la frontera extrema del cuerpo. Éste es el proceso hacia afuera, o evolutivo, del alma.

La espiración representa el viaje de vuelta: es el proceso involutivo, en el que el cuerpo, las células y la inteligencia se mueven hacia dentro para llegar a su fuente, el ātman, o núcleo del ser. Este proceso evolutivo e involutivo dentro de cada individuo es el prāṇāyāma. 

En cuanto dejamos que se hunda el sí-mismo, la retención de la respiración se torna un mero ejercicio físico y mecánico, dejando de ser verdadera kumbhaka.

Mantener la estabilidad del sí-mismo izado es verdadera kumbhaka.

Se trata de un estado de práctica puramente divino en el que participan la inspiración (pūraka), la retención (kumbhaka) y la espiración (rechaka). 

En kumbhaka, el sí-mismo se hace uno con el cuerpo, y el cuerpo se hace uno con el sí-mismo.

Es la unión divina de cuerpo y mente en la inspiración, la espiración y la retención.
La respiración, vista bajo su forma de sistema respiratorio, se nos muestra como algo físico. Pero cuando la acción de la respiración sobre la mente es estudiada y comprendida, se vuelve espiritual

Prāṇāyāma es el puente entre lo físico y lo espiritual. De ahí que prāṇāyāma constituya el eje del yoga.

NAMASTÉ

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sonando las sílabas semilla.

El Chakra Anahata / Chakra del Corazón.

Yin Yoga.